Mostrando entradas con la etiqueta xelavid. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta xelavid. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de diciembre de 2016

DIME CÓMO ESCRIBES Y TE DIRÉ QUÉ BEBES




Era sábado. Estrenaban el ciclo “Dime cómo escribes y te diré qué bebes”. No podía perdérmelo. Como ya sabéis, soy un adicto a los eventos donde fusionan el arte y el alcohol. Llegué pronto. Muy pronto. Justo a la hora que marcaba el cartel. Varias personas se saludaban al fondo del local y comenzaban a sentarse en las mesas. Decidí no juntarme con el populacho y quedarme en la barra. Hay noches que prefiero camuflarme en el anonimato y disfrutar del trago y el verso en soledad. Los días lluviosos me ponen melancólico. También alcohólico. No sé si la rima consonante tiene algo que ver. Decido empezar con un vermú mientras espero a que el show eche andar. Lo termino justo cuando veo al barman colocar una hilera de botellas delante de mí. Sonríe. Un buen camarero sabe cazar al vuelo a un mejor cliente. “Esta noche tenemos evento” susurra. “Por eso he venido; pero prefiero estar aquí. Me gusta paladear el ambiente desde la lejanía. No hay ningún problema, ¿no?”. “Ninguno. De hecho usted va a ser el primero en probar el cóctel”. Observo al chaval mientras prepara la obra maestra. Es preciso como un químico y ágil como un escultor. Dentro de poco deberían incluir la mixología dentro de las bellas artes.

Un minuto después tengo ante mí un Singapur Sling. El cóctel favorito de Vázquez Montalbán, el trago más famoso del sudeste asiático, la bebida estrella de esa noche sin estrellas y con lluvia. Comienza el espectáculo. Toma la palabra Alberto Guerra, el coordinador etílico-artístico de Xelavid. El creador de los “cuenbates” y las “catas literarias”. Un hombre que adora el arte y el alcohol a partes iguales. Nos introduce con soltura por el mundo de los destilados contándonos numerosas curiosidades de la bebida que tengo entre las manos. El porqué del nombre, los ingredientes, el origen, qué famosos fueron adictos a él. Después llega la parte literaria. Manuel Vázquez Montalbán, bebedor asiduo del Singapur Sling. Comienza a intervenir Sesi García, el artista invitado, estudioso de la obra del creador de Pepe Carvalho.

 Alberto y Sesi se interrumpen, ríen entre ellos, se respetan, intercambian distintos pareceres sobre el alcohol y la literatura. Parecen interpretar una escena dialogada de cualquier película con aires de grandeza. Pero no son genios, son humanos que disfrutan hablando, conociendo, bebiendo y degustando. Saben de licores y literatos, y esa sabiduría contagia al resto de la sala. Me dan ganas de salir corriendo a comprarme un libro de Vázquez Montalbán. El Singapur ya me lo he leído. Pido otro. Engullo copas y letras a partes iguales. La gente no me sigue el ritmo pero sigue el evento con atención. Cuando ves a alguien disfrutar con lo que hace también te hace disfrutar a ti. Ojalá en la universidad existieran clases tan divertidas. Como dice Carvalho en El premio “saber el origen de los placeres aumenta la capacidad de gozarlos”.


Termino mi segundo Singapur Sling. Sigue lloviendo. Concluye el acto y todo el mundo comienza a felicitar a los protagonistas, a intercambiar impresiones, a emborracharse. Algunos también se marchan. Siempre ha habido clases. Me ha gustado el espectáculo. Repetiré seguro. He echado un vistazo a las próximas sesiones y no tienen desperdicio. Poetas de la talla de Julio Santiago (travestido de Gloria Fuertes) o prosistas afilados y oscuros como Quique Fernández (disfrazado de Hemingway). Decido pedirme un islay. Pensar en escritores norteamericanos me trae a la memoria el whisky. Además, el scotch ahumado es la mejor forma de quemar una noche. No quiero salir. Hoy no. Prefiero irme a la cama, seco y calentito. Antes de introducirme en mi lecho de suerte cojo un libro. Los pájaros de Bangkok. Demasiada poesía y Singapur Sling en mis venas para no volar, al menos un par de páginas, hacia el sudeste asiático.  



Alex Sawa

lunes, 10 de octubre de 2016

EL CUENBATE





Hace dos viernes me acerqué a Xelavid. Era la final de El Cuenbate, no podía perdérmelo. Ya había estado antes en varios encuentros de cuartos de final y en las dos semifinales. He de reconocer que soy adicto a los eventos que mezclan arte y alcohol a partes iguales. Beodo profesional y escritor amateur, disfruto como un niño con zapatos nuevos cuando leo un libro con una copa de vino en la mano. U observo un precioso cuadro mientras pruebo un cóctel con Fernet. Me declaro politoxicómano etílico-artístico. Igual me da whisky, tequila o cerveza que fotografía, teatro o poesía. Tuve suerte de encontrar una guarida como Xelavid. A pesar de su nueva ubicación (Calle Capitán Haya 28), rodeado de bancos y oficinas, no ha perdido ni un ápice de creatividad. Musicatas, exposiciones de fotos, shows flamencos, catas literarias… Lo importante aquí es maridar el mundo gastronómico con la cultura. Destilar arte por los cinco sentidos.
La última vez que me acerqué fue a presenciar el encuentro entre Simone Negrín y Luis Miguel García. Dos cuentacuentos. Dos combatientes. Dos guerreros que harían cualquier cosa por ganar el último duelo a vida o muerte. Atrás quedaron, en los albores de la batalla, narradores orales de la talla de Paco Bracamonte, Mónica Botella, Rocío Flores o Israel Hergón. Después llegaron dos disputadas semifinales cargadas de carcajadas y de tensión. Estuvieron a punto de costar un par de divorcios y algún que otro infarto de miocardio. Mar del Rey y Luzma G. Piqueres se quedaron a las puertas de la gran final por muy poco (Mar por tan solo un corcho). Porque en este torneo no se empuñan espadas, sino copas, y no se lanzan flechas, sino corchos. El público es el que decide quién gana y quién pierde. Como en la antigua Roma. Dos gladiadores a merced de un coliseo madrileño en pleno Cuzco. Cuanto más beben, más corchos tienen los espectadores. Cuanto más guste al público un narrador, más corchos le serán lanzados. El jugador que más corchos consiga, gana. Vincere aut mori. Sencillo. Salvaje. Sublime. ¿Qué más se puede pedir?
Llenar el vientre con vinos de toda España, cervezas artesanas o cócteles de autor mientras disfrutas la velada sumergido en deliciosas historias narradas por grandes cuentacuentos. Al final venció Simone Negrín. El argentino deconstruido. Mitad italiano, mitad gallego. Ahora le tocará defender la corona en el segundo torneo. Antiguos combatientes con ansias de venganza. Nuevos contrincantes dispuestos a sacias su curiosidad y demostrar su valía. Aún no sé cuándo empezará este nuevo Cuenbate. Espero que pronto. Mientras tanto, ya tengo marcado en rojo el sábado quince de octubre. Dos del mediodía. Arte, comida y alcohol a partes iguales. Degustación de vermús Premium, buffet de patés y embutidos, show flamenco. Esto sí que es un tridente mágico, y lo demás son tonterías.
http://diario16.com/el-cuenbate/