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martes, 6 de febrero de 2018

QUISIERA (Poeta decadente. Séxtasis Ediciones, 2017)




Quisiera ser el lugar
en el que piensas cuando alguien
te pregunta dónde estás,
quisiera ser horizonte
entre el mar de lo que quieres
y el cielo de lo que tengas,
quisiera ser esa frase
que jamás podrá acabar
al puntuar en suspensivos…
quisiera ser un “te quiero”
en el oído con la forma
y el amor que tú prefieras.


Alberto Guerra Obispo

viernes, 16 de septiembre de 2016

MADRID, MUJER. ("De gatos, noches y días". Séxtasis Ediciones. 2016)





“Me recuerdas a Madrid” te dije,
mientras pintaba tus labios firmes
con el color de mis zapatos. Siempre
me salpicas con tus besos, siempre,
como si fueras una fuente triste
llorando triunfos que a veces no ganas.
Me escondía en la boca de tu puerta
como un turista más, sacando fotos,
corría por el suelo de tu lengua
y, bajo el cielo azul, te atravesaba.
Me gustaba perderme por tu cuerpo,
recorrer la Gran Vía de tu espalda,
detenerme en las plazas de tu pecho,
lamer los adoquines de Mayor,
iluminarte de saliva en Sol
y bajarte el Arenal de tu falda.
Llegados a este punto te confieso:
el jardín de terciopelo que cubre
tu pubis me encanta, y la catedral
de tu trasero nunca guarda intactas
las ganas de atardecerte jugando
a ser turistas nuevos. Me sorprende
la tibieza del palacio que guardas
con recelo en tu entrepierna, el museo
de las grandes esperanzas que espero
gobernar, cualquier día, si me dejas.




jueves, 30 de junio de 2016

TINTOS&TINTA




Siempre fui consumidor de licor y de tertulias. Nunca dejé de embriagarme de copas y de versos, de litros y de letras, de tintos y de tinta. Gasté mi juventud pernoctando por bares literarios y domando noches sin dueño y sin estrellas. He disfrutado mucho de la vida. Pero ahora, comandante de una expedición de artistas noveles y sueños, quiero dar un paso al frente. Ir más allá. Editar algunas de las creaciones que surgieron de los cenáculos de Tintos & Tinta. Tras dos años de copas rotas y textos arreglados, llega el momento de demostrar al mundo que no solo quedamos para beber y pasar un buen rato (que también). Podemos hacer, además, un excelente libro. Y lo hemos hecho. Os presento a los culpables:        

Julio “Artemio” Salvador; su poesía viaja desde el siglo de Oro hasta nuestros días con la musicalidad del clavecín barroco.

Sandra Barrera Martín; la hija sensual y perspicaz que tuve con la literatura.  

Quique “cuentista maldito” es el hijo bastardo que tuve con la bebida. Prosista mordaz y oscuro.

Sara García Pereda; su voz no recita, susurra verdades. Es un samurái encerrado en una orquídea.

Daniel Aceña Caballero; el segundo de abordo. Tiene mucho talento escondido. Solo le falta creer.

Karen Muñoz Rodrigo; una mezcla desbocada entre Amelie y Mia Wallace. No dejará indiferente a nadie.

Alberto Guerra Obispo, el editor, el capitán, el pater familas de Tintos & Tinta.


Ahora solo queda que usted, querido lector, abra esta obra, saboree las páginas que hay dentro y navegue con nosotros.


lunes, 2 de mayo de 2016

Made in Madrid ("De gatos, noches y días". Séxtasis Ediciones)




Madrid es una esquina en dos mitades,
una ánfora repleta de infinitos,
es el sello de tu boca en mis labios,
mi voz de cerrojo en tu mensaje, 
la tierra prometida del que nace
siendo un gato maullando entre suspiros.
Madrid es mar de asfalto y vasallaje,
Madrid pasto de sangre, verso y vino,
Madrid es el calor de tu masaje,
los jadeos, los claxon, los portales
donde tantas veces tú y yo lo hicimos;
Madrid es la noche que nunca empieza
ni termina, es el cielo que nos arde,
las luces encendidas, el garaje
donde guardo los besos que me bebes,
para que nadie pueda conducirlos
a ningún lugar fuera de nosotros.
Madrid es la ciudad que nace y muere
el mismo día, Madrid, un banquete
que se nutre de tesoros, un cáliz
sin sangre donde tomarse la vida
de un solo trago; Madrid es el ojo
de tu ombligo mirando hacia el futuro.  



lunes, 21 de marzo de 2016

ODA A MIGUEL








Con barro y verdad formado,
construido con poesía,
siempre fuiste un referente
para tu España vencida.

De la luz y la sombra hijo
fuiste, un rayo incesante
que no paró de luchar
ni por nada, ni por nadie.

Poeta, soldado, padre,
amante, amigo, guía,
viento del pueblo, guerrero,
mujeriego y feminista.

Pastor de buenas personas,
despertaste de ser niño,
dejaste a un lado el amor,
tu voz fue un nuevo gatillo,

Te encerraron, tú volabas
con la risa de tu hijo,
te enrejaron, tu escapaste
con la vida al paraíso.

Libertad fue tu alimento
en cualquier cárcel de España,
ellos ataron tu cuerpo,
jamás ataron tu alma.

Tú perdiste aquella guerra,
nosotros la libertad,
pero ganaste el cariño
del pueblo y la eternidad.

Tú, compañero del alma,
compañero de mi vida,
serás siempre compañero
mientras viva la poesía.  





jueves, 3 de marzo de 2016

EL POETA ALBERTO GUERRA CUMPLE 30 AÑOS



Es sábado es de noche es una cata de vinos de excelente calidad en el Xelavid es la presentación de un libro de poemas es una exposición de pinturas deslumbrantes… y lo es todo a la vez porque es el cumpleaños del interesante y erótico y burlón y poeta inigualable: Alberto Guerra.
El libro que se presenta con motivo del treinta cumpleaños de Alberto Guerra se titula de Gatos, noches y días, y está firmado por el flamante treintañero y su colega Sesi García. Es una belleza de objeto, primorosamente diseñado por Leticia Forzani, que se apoya en los cuadros (me encantan) de Darío Hernández, que también son parte de la fiesta de cumpleaños de Alberto Guerra, pues están colgados en las paredes de la vinoteca que más veces he visitado en mi vida, la Xelavid de la calle Capitán Haya 28, en la Villa y Corte de Madrid (también llamada Mad Madrid).
No se me ocurre mejor manera en el mundo de celebrar un cumpleaños, de verdad. Perfecto el lugar, la ceremonia de los vinos entreverados con la poesía y la pintura y acompañado por quienes te quieren y a quienes quieres.
Alberto Guerra es un gran poeta, un prosista en crecimiento, pero también un estratega perfecto, el Estratega Salvaje como cuentan las leyendas solía llamarle cuando se formó el grupo al que está dedicado este artículo el hombre que respondía cuando le llamaban “capitán”.
Feliz cumpleaños. Y para siempre jamás, querido Alberto Guerra, pues en las líneas de tu mano está escrito que, de un modo u otro, alcanzarás la inmortalidad.

Javier Puebla



miércoles, 10 de febrero de 2016

LA CLASE (fragmento del relato del mismo título, de Alberto Guerra Obispo, extraído del libro Séxtasis).





Al día siguiente la clase comenzó mejor. Me juré a mí mismo acercarme lo menos posible a aquel demonio con piel de adolescente. Demasiado peligroso. Esquivé sus insinuantes miradas con más facilidad de la que había previsto y evité a toda costa cualquier indicio de contacto físico. Todo fue a la perfección…hasta que se rompió su bolígrafo. Rápidamente fue al servicio, a limpiarse. A los cinco minutos me llamó. Necesitaba ayuda. No paraba de salir aquel líquido plástico, sanguinolento, por todos lados. Todo estaba teñido de rojo. Cuando estaba a punto de marcharme se metió, casi sin darme cuenta, en uno de los baños. “Me meo, me meo, me meo…”. Yo me quedé unos segundos frente al lavabo, limpiándome la tinta que quedaba entre mis manos. Escuché su voz como se oían antiguamente las sirenas. Con un miedo placentero. Me pidió que por favor le acercara un rollo de papel higiénico. Iba a lanzárselo por encima de la puerta cuando su me frenó, rogándome otro tipo de ayuda. “Estoy toda manchada, no me puedo limpiar sola, ven…”

Olía a desgracia. Mi mente comprendía que si me metía en ese baño no saldría nada bueno. Ella volvió a insistir. Sentí algo en mi interior que actuaba de forma irracional. Un hombre conduciendo por una carretera que termina en precipicio. Él lo sabe; tú también. Los dos hacéis lo mismo. Muerte. Abrí la puerta. Ella ocupaba todo mi campo de visión. Radiante, abierta, incandescente… No pude evitar mirar allí donde cualquier hombre hubiese mirado. Tenía el vestido subido, las bragas bajadas, sujetas en los tobillos. Me ofrecía su coño impoluto, infantil, irresistible, como se ofrece agua fresca a los deportistas tras un partido. Como si me lo mereciera. Era mi premio por haber llegado hasta allí, por estar en esa situación que tanto nos comprometía. No había rubor ni arrepentimiento en ningún lado. Nos mirábamos como animales hambrientos. Dos cazadores a punto de ser cazados. Yo fui el primero en caer. No hice nada por intentar apartar la mirada de su virginal vagina. Ella sabía por qué estaba allí. Ahora no había lugar para tonterías. “Límpiame tú, profe. No me quiero manchar más…”

Me acerqué, hasta estar justo enfrente. Corté un trozo de papel e introduje mi mano, lentamente, entre sus piernas. Ella las abrió aún más, lo máximo que le permitieron sus bragas. Estaba nervioso. Muy despacio, suavemente, pasé el papel doblado por su coño. Estaba húmedo. Apetecible. Ella gimió al primer contacto. Me miró a los ojos. Volvió a gemir, aún más alto, cuando le volví a rozar con el papel. Esta segunda vez dejé colgando mi dedo de meñique para acariciarla levemente. Estaba excitadísimo. Comencé a trazar pequeños círculos con mi dedo por su sexo hasta que le metí el meñique entero. Gimió; prolongadamente. Me apretó el brazo con su mano. Se relamía. No quería que saliera de ahí; me rogaba en silencio que mi brazo continuara entre sus piernas más tiempo. Cambié el meñique por el anular, introduciéndolo aún más adentro. Rozaba el clítoris con el pulgar. Se retorcía de placer. Aullaba, rápida, entrecortada, con cada sacudida de mi dedo. Sus jadeos se hicieron cada vez más frecuentes y su vagina más húmeda.    
    
Me mordió el labio; después el cuello. “Aún sigo mojada, no me has limpiado muy bien…” susurró. Yo la miré, sonriendo, y con mi mano libre intenté acariciarle sus senos incipientes. Ella me detuvo, desafiante. “No, no…no hay premio hasta que no lo hagas bien…quiero que me limpies con la lengua”. Solo tenía quince años, sí, pero su mentalidad sexual era abrumaba. Me mordió el labio inferior, hasta hacerme sangre. “Ahora no eres mi profesor, eres mi esclavo”.


Obedecí, como un buen sirviente. Me arrodillé frente al retrete y le abrí aún más las piernas. Olía a nuevo. Comencé despacio, utilizando toda mi lengua. La deslicé por todo su coño entregado. Después cerqué su clítoris mientras introducía el dedo índice en su marea de fluidos. Le gustaba. Intensifiqué el movimiento de mi lengua en el motor de su coño, en la cima, en su capuchón divino. Cada vez lo hacía más rápido, más directo. Le metí el dedo meñique, sutilmente, por el culo. Quería probar la triple estimulación. Los jadeos pasaron a gritos; los movimientos a temblores. Tuve que taparle la boca con mi mano libre al tiempo que le succionaba el clítoris, como colofón final. Aulló. Estuvo a punto de perder el conocimiento. No exagero. Justo en ese momento sonó el timbre del recreo.     



lunes, 25 de enero de 2016

SÉXTASIS EN LA RADIO



Hablando de SÉXTASIS Ediciones, de los recitales, de las jam, de las editoriales y las productoras, de la música y la poesía, porque, como dice Tito, "los poetas son más punkys que los rockeros". Un placer asistir a RadioLatina.

Pincha aquí para escuchar el programa entero:

LA MALAONDA EN RADIO LATINA


lunes, 21 de diciembre de 2015




ABRIRTE

Lo mejor de ti sale al abrirte,
como ocurre con los buenos libros,
los telones de fondo o las vaginas.
Me encanta abrirte cuando estás desnuda,
tus piernas me enganchan como la lágrima
que cuelga resistente en tu pupila
cuando crees que entre nosotros no hay nada.
Me encanta abrirte cuando estás dormida,
los sueños sobrevuelan tu entrepierna,
tu cuerpo llora gotas de sudor,
llora de emoción porque imagina
que entre nosotros no se interpondrá
nada; y entonces despiertas: si miras
hacia abajo me verás dormido
en mitad de la noche, fantaseando
con todas las mujeres que algún día
quise o querré llevar a la cama;
y si miras hacia arriba podrás
ver brillar los versos que tú no sabes
que escribí pensando en ti como ya
no te pienso, podrás releer siempre
ese libro de poesía que la gente
corriente llama cielo, aquel poema
que salió de mí aquel mediodía
que te abrí, por primera vez, tan joven,
tan dulce, tan pura... y miré dentro
de ti, enamorado ingenuo, y pensé
que por mil vueltas que diera la vida
no iba a poder cerrarte nunca.